miércoles, 29 de abril de 2009

los Caranquis

Como ninguna otra zona arqueológica del Ecuador, la perteneciente al territorio Caranquí está plagada de tolas o montículos artificiales de tierra, que aparecieron por primera vez en el poblado de Real Alto en el año 4.000 a.C. estas obras se distribuyeron en la zona norte en un amplio territorio delimitado por los valles formados por los ríos Chota al norte y Guayllabamba al sur. Los linderos occidental y oriental están marcados por las cordilleras, no obstante que en dirección a la Costa, las tolas se distribuyeron en la zona noroccidental, como las identificadas en el sitio Tulipe o en Secuambo, al occidente de quito y Mira respectivamente. De estos montículos, sin contar los que han desaparecido, son notables por su tamaño, magnitud y número de construcciones, los ubicados en Cochasquí, Puntiachil, Zuleta, Pinsaquí, Gualimán, Socapamba, Atuntaqui, Ajaví. De todos ellos solo unos pocos han sido estudiados.. Del estudio de estas fuentes y de otras de tipo etnohistórico, se concluye que el área cultural Caranqui en la época anterior a la ocupación inca, se hallaba habitada por una sociedad muy homogénea en cuanto idioma, costumbres ceremoniales y funerarias, modo de vida y sistema de organización. Las tradiciones ceremoniales y funerarias están vinculadas precisamente con la existencia de las tolas y montículos tronco piramidales. Las tolas, de forma circular, generalmente eran monumentos funerarios, pues debajo de ellas se encuentran tumbas...mientras que las grandes plataformas de cangahua, como aquellas existentes en Zuleta, Cochasquí, Atuntaqui, constituyeron centros de residencia de caciques y señores étnicos y lugares de prácticas ceremoniales... Sin duda, la pirámide mayor de Cochasquí es admirable por sus dimensiones: 90 m por lado, 25 m de altura y una rampa de 200 m de largo. Desde el punto de vista de la alimentación l os antiguos caranquis disponían de un amplio repertorio de productos agrícolas de clima templado como maíz, papas y tubérculos en general de clima frío y algodón de clima subtropical. Súmese a ello ciertos bienes importantes para la satisfacción de necesidades ceremoniales, como la coca, conchas, cueros y pieles de animales, que provenían de otros pueblos ubicados en la llanura costera o en la amazonía. De lo indicado se deduce que la agricultura se convirtió en la fuente más importante de recursos, a más de la cacería y la cría de animales domésticos como el cuy. Respecto a la agricultura se debe resaltar la extraordinaria fuerza de trabajo invertida por este pueblo para construir obras de uso agrícola, como los canales de riego, los camellones y terrazas agrícolas. Otros testimonios materiales de la cultura caranqui están expresados en la cerámica, en los metales y en el trabajo de la piedra. Es esta alfarería se puede identificar recipientes de uso doméstico, muy ordinarios y otros, probablemente de uso funerario y ceremonial. Entre los primeros, son diagnósticos los platos casi planos, con una banda de pintura roja en el borde interno, las vasijas trípodes, las vasijas zapato, compoteras de pedestal alto y anular, las vasijas asimétricas, loas botijuelas y una variedad de recipientes cerrados de cuerpo globular, utilizados seguramente en la preparación de alimentos. Los acabados de superficie más comunes en la alfarería de la zona, son el ordinario, es decir una cerámica con alisado muy burdo, el baño rojo, el pulido a guijarro, el rojo pulido y la pintura negativa; la decoración plástica es muy escasa, no obstante que existe figurinas antropomorfas y zoomorfas. En cuanto a los hallazgos de metal se deben destacar los valiosos objetos de oro, generalmente objetos de adorno corporal. En lítica se trabajó hachas, boleadoras, piedras de honda y esculturas. Fueron muy hábiles lapidarios... De acuerdo a estudios arqueológicos modernos, se puede decir que los caranquis constituyeron la suma de varios e importantes cacicazgos o señoríos de la sierra Norte del Ecuador, entre ellos se debe citar a los de Caranquí, Otavalo, Cochasquí, Cayambe, Pifo, Yaruquí, Probablemente el área de Pomasquí en las cercanías de Quito. Fuente: Eduardo Almeida Reyes, “Culturas Prehispánicas del Ecuador”, Quito Ecuador, 2000.

lunes, 27 de abril de 2009

Quito breve reseña


Historia de Quito
Para encontrar su origen, es necesario volver a tiempo para el 6 de diciembre de 1534, cuando los conquistadores españoles fundaron la ciudad con 204 colonos. Antes de entonces, el actual sitio de Quito fue habitada por los Quitus, una tribu de la civilización quechua en una franja de tierra que se extendía desde lo que ahora es el cerro del Panecillo en el sur de la Plaza de San Blas en el centro. Llamado el Reino de Quito en el período prehispánico, los edificios en esta antigua ciudad se hicieron de piedra tallada y ladrillos secados al sol. Más tarde, los arquitectos español incorporados los mismos materiales en sus grandiosas construcciones. A principios del siglo 16, la ciudad adoptó un estilo monumental con la construcción, por las distintas misiones católicas, de los impresionantes templos de San Francisco, Santo Domingo, La Catedral y San Agustín. Los principales acontecimientos durante este período se llevó a cabo en o alrededor de estos templos, lo que contribuyó a promover la religiosidad entre la gente.
Aunque las huellas prehispánicas desaparecieron con los conquistadores, la llegada, se ha dicho que antes de que los europeos llegaron, Rumiñahui, un guerrero indígena, sistema contra incendios en la ciudad y destruyeron los templos de los Incas que vivieron allí. Otras leyendas hablan de personajes como Atahualpa, último emperador de Tahuauntinsuyo, el Reino Inca, que fue ejecutado en 1533 por sus captores español, a pesar de que el pueblo Inca pagado toda una habitación llena de oro y plata para su regreso. Calcular grandes en los últimos cuentos es Xavier Chusig, un cruzamiento (alguien de la mezcla indígena y español de parentesco), que cambió su nombre a Eugenio de Santa Cruz y Espejo, para evitar la discriminación y se encuentran en el primer periódico en la ciudad.Todavía hay otras historias de Manuela Sáenz, la primera mujer en unirse al ejército Bolivariana y que se convirtió en el principal lugarteniente del "Libertador" Simón Bolívar.

miércoles, 22 de abril de 2009

dia mundial de la tierra


El Día de la Tierra es un día festivo celebrado en muchos países el 22 de abril. Su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, instauró este día para crear una conciencia común a los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra.


Historia
La primera manifestación tuvo lugar el 22 de abril de 1970, promovida por el senador y activista ambiental Gaylord Nelson, para la creación de una agencia ambiental. En esta convocatoria participaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias y centenares de comunidades. La presión social tuvo sus logros y el gobierno de los Estados Unidos creó la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental) y una serie de leyes destinada a la protección del medio ambiente.

En 1972 se celebró la primera conferencia internacional sobre el medio ambiente: la Conferencia de Estocolmo, cuyo objetivo fue sensibilizar a los líderes mundiales sobre la magnitud de los problemas ambientales y que se instituyeran las políticas necesarias para erradicarlos.
Las Naciones Unidas celebran el día de la Tierra cada año en el equinoccio vernal (alrededor del 21 de marzo). El 26 de febrero de 1971, el secretario general U Thant firmó una proclamación a ese efecto. Al momento del equinoccio suena la Campana de la Paz en la sede central de la ONU en Nueva York
El Día de la Tierra es una fiesta que pertenece a la gente y no está regulada por una sola entidad u organismo; tampoco está relacionado con reivindicaciones políticas, nacionales, religiosas, ideológicas ni raciales.
El Día de la Tierra apunta a la toma de conciencia de los recursos naturales de la Tierra y su manejo, a la educación ambiental, y a la participación como ciudadanos ambientalmente conscientes y responsables.
En el Día de la Tierra todos estamos invitados a participar en actividades que promuevan la salud de nuestro planeta, tanto a nivel global como regional y local.
"La Tierra es nuestro hogar y el hogar de todos los seres vivos. La Tierra misma está viva. Somos partes de un universo en evolución. Somos miembros de una comunidad de vida interdependiente con una magnificente diversidad de formas de vida y culturas. Nos sentimos humildes ante la belleza de la Tierra y compartimos una reverencia por la vida y las fuentes de nuestro ser..."

viernes, 17 de abril de 2009

PLAYA ROSADA

El 90% de Playa Rosada pertenece a Palmar y el 10% a Ayangue, según Dionisio Gonzabay, alcalde de Santa Elena.

Cordero llegó a la playa por un camino vecinal de 4½ km. Esa ruta la construyó hace mes y medio el Municipio de ese cantón junto con la Subsecretaría de Obras Públicas, indicó Gonzabay.

El nuevo ingreso a Playa Rosada se encuentra pasando Pueblo Nuevo, a 200 metros, a mano izquierda de la autopista de la Ruta del Sol.

Pero hay otras dos vías de acceso que se encuentran en malas condiciones: una por Pueblo Nuevo y otra por Ayangue.

La primera opción consiste en entrar por la capilla de la parroquia Santa Paola, siguiendo el letrero de la hostería Playa Rosada.

Por este camino angosto de tierra, que no tiene señalización, se llega hasta ese hotel que está lejos del mar, según lo comprobó un equipo de este Diario.

El encargado del lugar indicó que hay que seguir por el sendero a mano derecha.

El vehículo llega hasta la parte alta de un cerro, al pie de una casa cuya construcción está paralizada.

Por la parte lateral derecha de la vivienda se baja a pie a la playa. Se desciende por el terreno de tierra y piedras y hay que agarrarse de la cerca de madera de la casa para no caer, en un tramo donde se ha derrumbado parte del cerro.

Luego de sortear todos estos obstáculos se llega a las escalones de piedra que conducen al balneario.

sábado, 4 de abril de 2009

PREMIO NOBEL DE ECOLOGIA

Pocos lo saben, pero existe un premio tipo "Nobel" de Ecología.


Este año lo ha ganado Jesús León Santos, de 42 años, un campesino indígena mexicano que lleva realizando, en los últimos 25 años, un excepcional trabajo de reforestación en su región de Oaxaca, México.

El nombre de la recompensa es "Premio Ambiental Goldman" (www.goldmanprize.org/theprize/about_espanol).

Fue creado en 1990 por dos generosos filántropos y activistas cívicos Estadounidenses Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman.
Consta de una dotación de 150.000 USD ($2,154,000 M.N.) y se entrega cada año, en el mes de abril, en la ciudad de San Francisco, California (Estados Unidos).
Hasta ahora ha sido otorgado a defensores del medioambiente de 72 países. En 1991, lo ganó la africana Wangari Maathai, quien luego obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2004.

A Jesús León Santos se lo han dado porque, cuando tenía 18 años, decidió cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca alta, la "tierra del sol". Aquello parecía un panorama lunar: campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de esa vida tan dura.

Con otros comuneros del lugar, Jesús León se fijó el objetivo de reverdecer los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas.

¿Cómo llevar el proyecto a cabo? Haciendo revivir una herramienta indígena también olvidada: El tequio, el trabajo comunitario no remunerado.
Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la erosión.

En esa región Mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI.
La cría intensiva de cabras, el sobre pastoreo y la industria de producción de cal que estableció la Colonia deterioraron la zona. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos contribuyeron definitivamente a la desertificación.

Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación.
A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra fértil.

Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua.
Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria.

Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región.
Sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más resistentes a la sequía.

Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época mas seca del año, con muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las lluvias crece rápidamente.
Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido. Hoy la Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra.

Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles anuales..
Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación.
Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo : la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente.

Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos.

El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones masivas.

En un mundo donde las noticias, con frecuencia, son negativas y deprimentes, esta historia ejemplar ha pasado desapercibida.


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